Es un problema común en invierno: manchas negras en las esquinas, agua que chorrea por los cristales y olor a humedad. Esto no suele ser una filtración de agua del exterior, sino humedad por condensación.
¿Por qué ocurre?
La condensación se produce cuando el vapor de agua que generamos dentro de casa (al cocinar, ducharnos o respirar) choca con una superficie fría. Es el mismo efecto que ocurre en el espejo del baño tras una ducha caliente.
Las causas principales son dos:
- Falta de aislamiento: Paredes frías que actúan como un imán para el vapor (puentes térmicos).
- Falta de ventilación: El aire húmedo no se renueva y se acumula dentro de la vivienda.
¿Abrir las ventanas es suficiente?
Ventilar 10 minutos al día ayuda, pero en invierno, al abrir las ventanas, tiramos el calor de la calefacción y enfriamos las paredes, lo que a veces puede empeorar el problema al cerrar.
Las soluciones definitivas
Para acabar con el moho de raíz, hay que atacar las causas técnicas:
- Mejorar el aislamiento térmico: Mediante trasdosados (forrar las paredes por dentro) con material aislante. Esto evita que la pared esté fría, por lo que el agua ya no condensa allí.
- Ventilación Mecánica Controlada (VMC): Instalar sistemas que renuevan el aire de forma continua y automática sin necesidad de abrir las ventanas, manteniendo la humedad interior siempre en niveles saludables.